Recuerda,

La felicidad de alguien es la tristeza de otro,


Paula,


Era amarillo, lo recuerdo bien, se ha quedado grabado en mi mente durante todo este tiempo, ese preciso momento en que estaba arrodillado, apoyado con las manos en la taza del baño, expulsando esa cosa que me quemaba la garganta como si fuera acido, hacienda que de mis ojos brotaran lagrimas no de dolor, sino de impotencia por no poder detener ese torrente de ácido que me desgarraba la garganta, en ese exacto momento, me di cuenta de lo frágil que era,
No es que estuviera dispuesto a dejarme vencer por encontrarme en este estado, ni tampoco de que me sobrepasara, o que fuera más fuerte que yo, sino que simplemente no tenía ganas de cambiar, de luchar, solo quería que las cosas siguiera como estaban, acostumbrarme a la rutina que me está destrozando, hacerlo todo tan monótono, que después fuera algo tan simple como el levantarse & quitarse las lagañas de los ojos al despertar, quisiera renunciar al derecho & obligación de luchar por un mañana mejor, quisiera que no hubiera problemas, quisiera que nunca más me fallaran, quisiera que las personas fueran buenas; quisiera tantas cosas, pero sobre todo, quisiera que nada cambiara en mi vida.